Conforme ha pasado el tiempo, me doy cuenta que no se puede descargar toda confianza de un solo golpe en alguien. El conocer personas lleva un proceso de delicados juegos de palabras, donde lo que se diga de primero, afectará su consecuente y así en sucesión. Importa muy poco lo que se esté hablando, siempre y cuando se mantenga cierto respeto hacia la otra persona y, además, se hable con sinceridad cuando se amerite.
Como jóven que todavía soy, considero que a mi edad he vivido lo suficiente para juzgar de manera correcta a quién y a quién no depositarle mi confianza porque, en verdad han sido muchos los golpes recibidos que lo hacen a uno abrir nuevas perspectivas, dándonos a entender que las personas por sí solas no están llenas de buenas intenciones. Sólo si se muestra respeto y cariño mutuo, es posible que se dé una linda amistad, o si fuese el caso, una relación.
No tengo miedo a hablarle a la gente con la verdad, no es incorrecto decir las cosas como son; incorrecto sería decirle a fulano "me caes bien" cuando por detrás tienes una pistola cargada. No sólo esto, tengo absolutamente nada que esconderle a nadie; estoy sujeto a críticas al ser honesto pero así mis conocidos se han encariñado conmigo y mis enemigos a chocar con paredes de acero. La honestidad forma carácter.